martes, 10 de febrero de 2015

Así era ella...

Yo la veía cada mañana en la estación, con sus auriculares azules a juego con sus ojos. Ella iba todo el camino apretándose los parpados para no dormirse, sonreía a la gente por inercia, y creo que a más de uno, sin darse cuenta le ha alegrado el día. A mí me alegraba la existencia.
Un día una amiga me pidió que la acompañara a tatuarse. Nos abrió la puerta ella, con una camisa de cuadros y una falda floreada. Tendrías que ver cómo le quedaban esas botas… Nos acompañó hasta el cuarto de operaciones. Las paredes estaban llenas de dibujos, por todas partes había arte. ¿Y yo? Yo no me cansaba de mirarla. Sonaba una canción de The Smiths, “Some Girls Are Bigger Than Others” creo, y el ruido agonizante de aquella máquina dejó de serlo tanto cuando ella empezó a tararearla. Al acabar nos invitó a un cigarro, que acabó en contarnos nuestras penas. Ella me miraba, y me sonreía mientras me contaba sus tragedias, una pintura de experiencias grises.
-“La vida es muy trágica, pero yo puedo ser una verdadera maldita  si me lo propongo”
Al día siguiente la chica del moño deshecho apareció en la estación, por unos segundos creí perderle de vista. Y es que mirándola el tiempo pasaba más rápido, esa chica es un mundo. De repente noté unas manos frías tapándome los ojos, era ella, me cogió de la mano y me llevó hasta el metro, estaba tan perdida en sus ojos que no me di cuenta de que iba a perderlo.
Y así cada día pasaba mis veinte minutos de trayecto junto a ella, creo que era una especia de desayuno, lo que me daba fuerzas, como si al no verla mi día empezara más flojo, sin sol y con frío.
El día que me entregué totalmente a ella fue un día que no la vi dónde siempre, yo estaba esperando el metro me giré y la vi en las escaleras, con los auriculares puestos y lágrimas en los ojos. Puedo jurar que sus ojos eran un mar y su tristeza era increíblemente hermosa, por más contradictorio que fuera. Me miró, sin fuerza, y me abrazó tan fuerte que empecé a sentir toda su pena. Me propuse sacarle una sonrisa, y pasé de ir a estudiar y  me la llevé a pasear por donde sea que haya sido ese lugar, le invité a tomar un café, ella odia el café, pero se pidió un Mocca de caramelo, y desde entonces es mi café favorito.
Ella tiene una forma de ser muy especial, nunca en mi vida había conocido a nadie así. A una persona con tanta fuerza, con  esos gestos tan suyos, con sus rarezas. Ella es la persona menos cariñosa que conozco, pero cuando besa, besa de verdad y cuando abraza te llena de amor. Ella es una de esas mujeres guapas, que no sabe cuánto lo es, que no sabe a cuanta gente enamora cuando pasea por las calles con esas faldas de flores, esa carita de niña buena, esos ojos de husky, sus labios color vino y con todos esos lunares.
La he visto bailar canciones sin ritmo, la he oído cantar canciones que odiaba y ahora no puede borrar del reproductor de música. La he visto viendo bonito lo feo, la he visto siendo sincera cuando quería mentirme. La he visto correr detrás de un gato, pero llegar siempre tarde. La he visto llorar de tristeza y llorar de felicidad. La oído reír pero no gemir. Y creo que quien pueda conocerla de esa forma ya puede ser la persona más afortunada del mundo. Ella te hace comprender el significado de la vida. Ella tiene las respuestas debajo del vestido. Entre la piel.
Un día, dormida me habló, me cogió del brazo y me dijo “quédate”. No sé si es que yo lo soñé, pero quiero quedarme para siempre. Es amistad, es admiración, es adoración, es amor.

jueves, 5 de junio de 2014

Sal con una chica que lee


Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas. Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos. Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo. Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. ¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo. Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son. Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype. Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas. Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee. O mejor aún, a una que escriba.

Rosemary Urquico.

martes, 3 de junio de 2014

Un cuento de una de ellas.


Un buen día, ya cansada de corazones destrozados y camas frías, la niña de los labios rojos y ojos verdes, se puso un abrigo de diamantes y salió en búsqueda de quien besar. Ahora a ella le tocaba romper corazones y ese día el mundo lloro una vez más

Tiempo después, ella era una chica con los tacones llenos de pasos y el pelo desarreglado, con una copa en la mano y mil ideas tristes en las que estaba pensando. Era una de esas princesas que ya no lloraban por miedo a ahogarse, que dejaron de soñar porque saben que eso podría llevarlas al fracaso. No tenía corona pero si muchas heridas escondidas, esparcidas por su dulce piel, marcas que cuentan su historia. Solo era una chica con las manos temblorosas y los ojos tristes pero con una sonrisa siempre en la boca.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Aquel Bar

Sus piernas temblaban al compás de la canción que sonaba a la lejanía en aquel bar de la zona roja de la ciudad, al mismo tiempo que sus manos se apretaban contra su falda como si inútilmente tratará de estrangularla. Todo esto sucedía mientras la mirada fija de su acompañante poco a poco la poseía. Aquella joven mujer era sin duda de buen ver y poseía aquella característica muy atractiva para personas de la clase de su acompañante, timidez. Mientras que su acompañante de impecable imagen y de gran fluidez con el manejo de las palabras desprendía aquella neblina de seguridad que puede envolverte y que solo en cuestión de momentos puede dejarte sin respirar, sin duda era una escena típica en lugares así. Podríamos imaginarnos en la nevada tundra mirando al lobo dispuesto a cazar a su presa sin importar el costo que sus acciones podrían traerle y es que puede decirse que la ambición de la cacería era un impulso difícil de controlar para cualquier hombre como él.


Pero toda esta escena no era más que una simple apariencia en un mundo lleno hasta la saciedad de mentiras y engaños. Y es que aquella máscara de afamado cazador no era más que una sublime actuación, una de tantas máscaras de un personaje que detrás de ellas oculta una figura cobarde que constantemente busca la atención de las mujeres para sentirse “hombre”. Mientras que aquella mujer de apariencia frágil ocultaba una fuerza y seguridad que sin duda su contraparte envidiaría y pronto lo haría arrepentirse de haber creído que podría jugar con ella. Y todo esto ocurría en un bar de la zona roja de esta ciudad…

miércoles, 30 de abril de 2014

Historia de una habitación

La habitación se encontraba a oscuras, cualquiera podría haberla denominado como una habitación normal pero nadie sabía que de un momento a otro, las cosas cambiarían totalmente ya que una luz con tonalidades azules emergió de la pantalla de un celular que se encontraba en la cama y dicha luz ilumino casi todo el lugar. De esta forma es como descubrimos la figura de un muchacho que también se encontraba acostado en la cama y que al encenderse la luz, dirigió todas sus energías en tomar aquel celular y luego de mover sus dedos de forma habilidosa en la pantalla, como si se tratará de un acto de magia, una melodía comenzó a sonar acompañada de una voz con un tono angelical, la canción era francesa y fue llenando de energías diferentes a la habitación. La atmosfera del lugar parecía arrancada de alguna escena nostálgica y romántica a la vez, sobretodo porque aquella voz tan misteriosamente angelical vino a darle color a la oscuridad y a embriagar de inspiración a aquel muchacho. Esta historia sucedía en un cuarto de un departamento perteneciente a un edificio de la gran ciudad y al mismo tiempo sucedían mas historias por contar…

domingo, 27 de abril de 2014

Luz en las montañas - Cuento



Hace algún tiempo escuche la historia de una princesa que deseaba volar y tocar el cielo con sus manos.

Ella tenía un amigo príncipe de un reino muy cercano que algunos dirían que vivía mas soñando que viviendo en la realidad. Los dos se veían y platicaban de sus sueños, de la vida y de sus anhelos. Y un día, el príncipe decidió ir más allá de los reinos porque había escuchado historias de criaturas fantásticas, en especial de una con cuerpo de caballo, de color blanco como la nieve y que tenía un cuerno en su cabeza, un cuerno que podría cumplir cualquier deseo a aquel de corazón bueno. El príncipe logró convencer a la princesa de lanzarse a la aventura y después de sortear a los guardias del reino se internaron en los profundos bosques.

En su camino encontraron toda clase de obstáculos que los hicieron dudar de su misión, a veces se veía muy sencillo regresar a casa y quizá cualquier persona normal lo hubiera hecho pero ellos estaban locos porque tenían una meta y no hay nada más peligroso que una pareja con una meta.

En una ocasión mientras dormía la princesa, el príncipe encontró a un viejo elfo que le pregunto acerca de sus deseos y es que con el paso del tiempo, ellos comenzaron a desarrollar sentimientos afectuosos; el príncipe solo deseaba estar con ella para hacerla feliz y la princesa deseaba hacerlo feliz pero de alguna forma ella había cambiado sus deseos. Una vez que el príncipe se dio cuenta de esto, le dijo al elfo que él deseaba que ella fuera feliz cumpliendo sus sueños aunque él no fuera parte de ellos. Súbitamente tras esta respuesta el elfo convirtió al príncipe en un unicornio. La princesa había despertado y miraba todo a escondidas y no podía creer lo que estaba pasando.

El príncipe consciente de su transformación entendió lo que debía de hacer y miro a la princesa, ella sabía que ahora debía pedir su deseo y toco el cuerno del unicornio, ahora súbitamente la princesa se convirtió en una nueva criatura, también de color nieve, con forma de caballo y con grandes alas. Muchos ahora la llaman Pegaso, y es que la princesa sabía que si iba a vivir su sueño, quería compartirlo con el Unicornio y ahora se les ve de noche bajo las estrellas, así que cuando mires un resplandor en de las montañas, son ellos hablando de amor...