Tenía unos ojos tan verdes como el campo de mis abuelos en
la primavera, acepto que tengo cierta debilidad por los ojos de tonalidad verde
pero incluso para mí, esos ojos sobrepasaban lo que había visto antes. Pero no
todo se trataba de sus ojos, ya que su sonrisa hacia que las estrellas de la
noche clara fueran solo simples focos en el espacio sideral y es que esa sonrisa
suya tiene una magia tan contagiosa que aunque no lo desees, se te dibuja una
sonrisa en tu rostro.
Esta mujer que es como la mar, tan segura de sí misma y tan
terriblemente bella en su interior y en su exterior. Puedo sentir sus brazos
extenderse como el viento junto a sus cabellos dorados, esos cabellos que se
mueven como líneas en el tiempo y dibujando sinuosos tormentos.
Sé que quizá todo era cosa mía pero estaba seguro de que esta mujer, esta musa viviente, hace que a todas las letras que salen de mi; les pida que la encuentren si pueden y que le digan que le amo, que se lo digan de verdad, y es que no puede quedarse indiferente y si es así, entonces no es ella.
Después de un tiempo desperté de ese gran sueño para volver a este mundo terrenal, pero la sigo buscando en compañía de las letras que salen de mi corazón.
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