jueves, 10 de enero de 2013

Aquella mujer


Tenía unos ojos tan verdes como el campo de mis abuelos en la primavera, acepto que tengo cierta debilidad por los ojos de tonalidad verde pero incluso para mí, esos ojos sobrepasaban lo que había visto antes. Pero no todo se trataba de sus ojos, ya que su sonrisa hacia que las estrellas de la noche clara fueran solo simples focos en el espacio sideral y es que esa sonrisa suya tiene una magia tan contagiosa que aunque no lo desees, se te dibuja una sonrisa en tu rostro.
 
Esta mujer que es como la mar, tan segura de sí misma y tan terriblemente bella en su interior y en su exterior. Puedo sentir sus brazos extenderse como el viento junto a sus cabellos dorados, esos cabellos que se mueven como líneas en el tiempo y dibujando sinuosos tormentos.

Sé que quizá todo era cosa mía pero estaba seguro de que esta mujer, esta musa viviente, hace que a todas las letras que salen de mi; les pida que la encuentren si pueden y  que le digan que le amo, que se lo digan de verdad, y es que no puede quedarse indiferente  y si es así, entonces no es ella.


Después de un tiempo desperté de ese gran sueño para volver a este mundo terrenal, pero la sigo buscando en compañía de las letras que salen de mi corazón.





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